Eutanasia

Contigo Más, como miembro del Movimiento Político Cristiano Europeo (ECPM), propuso la siguiente resolución sobre la Eutanasia en la pasada Asamblea general, cuyo texto definitivo en Inglés aprobado por ECPM puedes descargar aquí.

RESOLUCIÓN CONTRA LA LEGALIZACIÓN DE LA EUTANASIA Y EL SUICIDIO ASISTIDO, APOYANDO LA ATENCIÓN SANITARIA UNIVERSAL PALIATIVA EN EUROPA

Considerando que todas las personas, sin distinción de su edad, sexo, estado de salud o enfermedad, grado de autonomía personal o dependencia, poseen una idéntica e intrínseca dignidad personal y los derechos humanos que son inherentes a esa dignidad.

Considerando que esta dignidad de la naturaleza personal del ser humano y la sacralidad de la vida humana tienen su fundamento trascendente en nuestra universal condición de creaturas, creadas a imagen y semejanza de Dios.

Considerando que toda vida humana es valiosa, inviolable e indisponible, porque cada vida humana tiene un valor intrínseco, independientemente de las condiciones de salud, autonomía o dependencia, grado de consciencia y del valor que le reconozca la persona, su entorno, la sociedad o el sistema legal.

Considerando que todo ser humano enfermo tiene un derecho natural a la salud y, por tanto, derecho a la asistencia sanitaria y a recibir todos los cuidados disponibles para mejorar su estado de salud y su bienestar físico, así como a recibir, si así lo solicita, atención psicológica, religiosa y espiritual.

Considerando que debe ser respetada la libertad humana individual que comporta la autonomía para ser informados y poder elegir entre los tratamientos médicos indicados disponibles para curar una enfermedad y para renunciar a ellos, incluso a riesgo de la propia vida, en determinadas circunstancias.

Considerando que es un deber ético y deontológico de los profesionales sanitarios respetar la autonomía de sus pacientes, atenderlos adecuadamente conforme a la lex artis, curando la enfermedad cuando se puede; y paliando el dolor y el malestar, cuando curar la enfermedad no es posible.

Considerando que debe asegurarse el derecho de los pacientes a la información y a participar en la toma de decisiones que afectan a su salud y a los tratamientos médicos que se les ofrezcan en el ámbito clínico, incluido el derecho a manifestar anticipadamente sus preferencias y criterios en documentos legales de voluntades anticipadas.

Considerando que es gravemente ilícita, desde el punto de vista moral y deontológico, cualquier forma de ensañamiento u obstinación terapéutica, consistente en poner o no suspender tratamientos médicos o soportes vitales para personas en situaciones de enfermedad incurable e irreversible, cuando el tratamiento médico-quirúrgico o el soporte mecánico o medicamentoso vital son fútiles, inútiles o devienen irreversiblemente ineficaces.

Considerando que es éticamente correcto dejar morir a una persona cuando, de acuerdo con el estado de la ciencia y de la técnica, y en atención a los recursos proporcionados disponibles, ya no se puede científica ni médicamente curar ni mejorar su situación clínica; y en cambio, nunca es lícito suprimir una vida humana como el medio para erradicar el dolor o terminar con una situación de dolorosa dependencia.

Considerando que el acto eutanásico consiste en la acción intencionada de causar, por acción o por omisión de la conducta debida, la muerte de una persona en estado de enfermedad que provoca graves padecimientos físicos y /o psicológicos y/o morales, realizada habitualmente por un médico o persona autorizada, con el consentimiento de la persona sufriente o muriente, con la finalidad de acabar con su vida, para terminar con su dolor y sufrimiento; y que el suicidio asistido consiste en la acción activa u omisiva, por la que se ayuda a una persona que lo solicita a que pueda suicidarse, cuando ella por sí misma no podría hacerlo, habitualmente con la finalidad de acabar con una situación de dolor físico y /o sufrimiento interior.

Considerando que no existe la libertad para quitarse la vida, que nunca es libre el suicidio; ni es legítimo éticamente exigir a otra persona que termine con la propia vida, ya que las personas que se plantean el suicidio o solicitan ayuda para suicidarse, o piden la eutanasia adolecen o carecen, precisamente por su situación de enfermedad, dolor y/o sufrimiento de condiciones de libertad y de competencia para tomar decisiones autónomas.

Considerando que el suicidio, el auxilio o la cooperación necesaria al suicidio, el homicidio compasivo y el acto eutanásico; aun mediando el consentimiento de la persona que muere, son gravemente inmorales porque atentan contra el bien básico de la vida humana inocente.

Considerando que la alimentación, la hidratación, cualquiera que sea el modo en que sean administrados, no son tratamientos médicos ni soportes vitales artificiales, sino que forman parte de los cuidados básicos debidos, que es obligado mantener, con la única excepción de situaciones al final de la vida, cuando, en situaciones agónicas resultasen fútiles y hasta inconvenientes e incompatibles con el respeto de una muerte natural.

Considerando, en fin, que no existe el derecho a la muerte, ni a solicitar la ayuda al suicidio ni la muerte eutanásica, y que, en cambio, todas las personas tienen derecho a la vida, a la salud, a recibir la asistencia sanitaria y los tratamientos indicados durante la enfermedad y en el proceso del morir; a recibir los cuidados paliativos que limiten el dolor físico y el sufrimiento moral, incluida la sedación paliativa en presencia de síntomas refractarios; proponemos:
  1. La derogación inmediata de todas aquellas leyes nacionales y normativas supranacionales que autorizan o promueven la eutanasia o el auxilio al suicidio, para que ambas conductas queden prohibidas por la ley, al igual que la retirada de los cuidados básicos y el encarnizamiento u obstinación terapéutica.
  2. Promover normativas que, en cada nación, garanticen el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; el derecho universal a la salud; el respeto a la autonomía de los pacientes manifestada en el consentimiento informado para recibir y rechazar un tratamiento; y el derecho universal a recibir la atención sanitaria y los cuidados paliativos así como la asistencia religiosa o espiritual a quienes lo soliciten.